El vino argentino tiene un Messi norteamericano

5 diciembre, 2019
Paul Hobbs

Paul Hobbs mostando uno de sus vinos íconos. Estuvo un día en nuestro país dando charlas, masterclass y protagonizando cenas y almuerzos. Es un visionario. Fue el que vio el potencial del malbec argentino y lo llevó a convertirse en un producto de clase mundial. La cepa insignia de Argentina.

Paul Hobbs estuvo en nuestro país. Es la personalidad mundial del vino más importante que haya pisado estas tierras. Llegó para festejar los 20 años de Viña Cobos la bodega que creó en la Argentina y con la cual convirtió varios golazos para el país vecino. Estuvimos invitados en un almuerzo conmemorativo realizado en el restaurante Cocina Clandestina, donde tuvimos oportunidad de disfrutar de alguno de sus más notables goles… perdón vinos.

En el año 2013 la revista Forbes lo calificó como el Steve Jobs del vino. Una metáfora para describir su fanatismo por la calidad. Es que entre otras cosas había logrado posicionar mundialmente a los vinos de California. Después estuvo en la Argentina donde convirtió al malbec en un vino de clase mundial, que hoy en día es una marca país, una insignia de la Argentina, así como lo es Messi.

Claro que nos arriesgamos a cometer una imprudencia. El mundo del vino y en especial el de alta gama no gusta de identificarse con un deporte muy populachero como el fútbol. Les cae mejor un deporte aristocrático como el polo. Y además, para los argentinos Messi es Dios (bueno… casi) y Paul Hobbs, es un enólogo. Pero como en periodismo nos permitimos ciertas licencias, esta vez la metáfora va por nuestra cuenta y riesgo. Así que adelante con el Messi del vino argentino.

Paul “Messi” Hobbs nació en Nueva York, se graduó como químico, se especializó en enología y formó parte del equipo que elaboró el Opus One, el célebre vino de California que fue uno de los emblemas de los vinos del Nuevo Mundo.  En 1988 recaló en Chile, donde no sabemos porqué regla de tres no le gustó el ambiente, cruzó la cordillera y llegó a Mendoza. Y se enamoró de esa tierra. Trabajó para la bodega Catena Zapata produciendo Chardonnay.

Pero enseguida le echó el ojo al malbec, una cepa que se utilizaba para la producción de vinos a granel y de baja calidad. Descubrió el potencial que tenía ese varietal y se decidió a elaborar winos malbec de clase mundial. En 1997 empezó a proyectar su propia bodega: Viña Cobos. Después de algunos tropiezos en 1999 realizó la cosecha inaugural. De ahí en más todo fue para adelante, impulsó el malbec en los Estados Unidos como varietal argentino y en el 2011 por primera vez un vino argentino alcanzó los 100 puntos Parker.

Vinos

Los vinos de Viña Cobos que ayer tuvimos la oportunidad de degustar en un almuerzo en Cocina Clandestina para festejar los 20 años de dicha bodega.

Fue un visionario también con el tema del terroir. Vio en Mendoza condiciones ideales para el cultivo de la vid. Un clima único, excelentes condiciones de suelo y la pasión de la gente. Desde entonces, los vinos de Mendoza tratan de expresar las específicas condiciones del terreno de donde proceden: Maipú, Lujan de Cuyo, Valle de Uco, La Consulta, Agrelo, Gualtallary, etc son nombres asociados a vinos de diferentes lugares.

“Todo el secreto está en la viña”, dijo Hobbs mencionando que trata de intervenir lo menos posible en la elaboración del vino. Aunque algunos de sus vinos pasan un tiempo prudencial en barricas de roble pero al solo efecto de darle un mayor equilibrio evitando que eso reste protagonismo a la fruta. “El trabajo se sustenta en el respeto a la uva”, dijo casi con el mismo sentido con que Messi parece que respeta al balón. Manejo suave, caricias y mimos. Claro que Hobbs así como Messi no juega solo. El astro argentino en la mejor época del Barcelona tenía a Inhiesta y a Xavi, luego tuvo a Neymar y Suárez y ahora le tiene a Suárez y a… Hobbs le tiene al enólogo Andrés Vignoni y el ingeniero agrónomo, Facundo Impagliazzo, quienes viajaron con él. Brazo derecho e izquierdo, respectivamente.

Viña Cobos tiene cuatro líneas de vinos: Felino, Cocodrilo, Bramare y Cobos. Oficialmente están en el país desde hace poco más de un año representados por Caminos del Vino. Cuando hizo su aparición tuvo una gran repercusión en el mercado local y ahora están tratando de mantener los mismos niveles de venta obtenidos. Todos son vinos de alta gama y lastimosamente no todos o muy pocos pueden darse el lujo de acompañar con ellos un almuerzo o una cena diariamente o día de por medio.

Paul Hobbs y Messi apuestan a una gran calidad. Recientemente el astro argentino marcó otro notable récord: marcó goles en 38 diferentes estadios. Algo por el estilo, Paul Hobbs asesora a 30 bodegas en todo el mundo. Desde Canadá hasta la Patagonia, desde Galicia hasta Armenia. Por eso también le dicen el enólogo volador (flywinemaker) porque se pasa de aquí para allá volando detrás de sus vinos. Ayer estuvo en nuestro país. Participó de un almuerzo con miembros de la prensa, luego dio una masterclass para sommeliers y especialistas del vino, a la noche tuvo una cena y esta mañana partió rumbo a Buenos Aires.

Plato de Cocina Clandestina

Un plato de Cocina Clandestina, chipa guasu cremosa rellena de cecina, acompañada de hojas verdes con emulsión de ortiga y limón, más chutney de tomate.

En la capital argentina protagonizará una jornada similar a la realizada en Asunción. Había estado antes en Brasil y terminará su recorrido en Mendoza, Argentina, como parte de los festejos por los 20 años de Viña Cobos. Su puesto de comando se encuentra en Estados Unidos.

En el almuerzo que tuvimos en Cocina Clandestina pudimos disfrutar de las siguientes etiquetas: Bramare Chardonnay Los Arbolitos Vineyard; Bramare Malbec Touza Vineyard; Bramare Malbec Zingaretti Estate y el ícono de la bodega Cobos Volturno Cabernet Sauvignon Malbec.

No hay nada que decir sobre la calidad de los mismos. Pero se nos antoja seguir con la metáfora inicial. Al acercar la copa a la nariz es como cuando uno ve a Messi tomar la pelota desde la mitad de la cancha y en forma zigzagueante va eliminado rivales rumbo al arco contrario: hay olor a gol. En boca, a uno se le llena la cavidad de una serie de sensaciones que impulsan a gritar eso que más emociona en el fútbol: gol. El final es prolongado, como ocurre después del gol, uno mira a su alrededor observando como el resto de la hinchada disfruta como uno.

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