Vino de casualidad y lleva 20 años de éxito

14 noviembre, 2019
El vino Zuccardi Q cumplió 20 años y su representante en nuestro país, London Import reunió a un grupo de invitados para celebrar esa fecha.

El vino Zuccardi Q cumplió 20 años y su representante en nuestro país, London Import reunió a un grupo de invitados para celebrar esa fecha.

Zuccardi Q cumplió veinte años. Que en materia de vinos no es mucho. Así como en el tango. Pero en ese apretado lapso de dos décadas se resume una rica historia familiar que generación tras generación fue marcando hitos creando un antes y después en la industria vitivinícola argentina. Y de pura casualidad. El festejo tuvo una destacada réplica en nuestro país, ya que no solo pudimos conocer sino degustar esa rica historia.

Resumen. Zuccardi Q es un cotizado vino argentino. La historia comenzó cuando un ingeniero Zuccardi compró terrenos en Mendoza para mostrar a los productores locales un sistema de riego creado por él. No sabemos si prosperó la idea. Lo cierto es que Zuccardi adquirió el gusto por la producción de vino y junto a su esposa formaron una bodega. Luego se integra su hijo José Alberto y trae proyecto de producir vinos de alta calidad. Y por primera vez usa el apellido Zuccardi en la etiqueta de la botella. Lo de Q, es por Quality, ya que se utilizaban para la elaboración los mejores viñedos que tenían.

El primer Zuccardi Q (1999) fue un tempranillo, que se convirtió en el primer vino Premium argentino con dicha cepa. Luego vinieron vinos de otras cepas, algunas innovadoras. Y allí aparece Sebastián el hijo de José Alberto, quien se encarga de hacer los vinos tratando de que estos expresen la identidad de la tierra de donde provienen las uvas, no importa si proceden del desierto o si sus raíces rasguñan las piedras.

Hasta aquí, una hermosa historia de familia, tradición, amor al terruño e innovación. Y aquella ingeniería de riego que llevó a los Zuccardi a Mendoza se convirtió en ingeniería vitivinícola que dio, no solo premios varios a sus distintos vinos, sino que últimamente además distinguió a la bodega Zuccardi (Valle de Uco) como la mejor del mundo, a Sebastián Zuccardi como uno de los 10 mejores enólogos de Sudamérica y con 100 puntos Parker a una de sus prestigiosas etiquetas.

En el plato, ravioles con salsa de hongos y almendras. En las copas,  Zuccardi Q Malbec 2000 y Zuccardi Q Tempranillo 2006.

En el plato, ravioles con salsa de hongos y almendras. En las copas, Zuccardi Q Malbec 2000 y Zuccardi Q Tempranillo 2006.

Los 20 años de Zuccardi Q, no solo era el festejo de un vino sino de todo lo que llevamos dicho más arriba. Aquí también hubo celebración, porque el vino tiene muchos fanáticos seguidores, la bodega un promotor impecable como London Import y la familia Zuccardi una hija putativa como Gaby Fines que fue la maestra de ceremonias por quien nos enteramos de todas estas cosas en la cena maridaje que se realizó en el restaurante Josephine.

Semejante historia no podía digerirse simplemente con las exposiciones y con la video conferencia protagonizada por José Alberto Zuccardi, quien desde Mendoza dirigió un mensaje a los presentes en el agasajo. Se necesitaban también pruebas tangibles y materiales de este exitoso periplo de 20 años. Y la degustación estuvo  a la altura. De a uno y a veces de dos en dos, desfilaron por la mesa etiquetas de antiguas cosechas a las que no se pueden acceder tan fácilmente. Memoria viviente y vigente de la proeza Zuccardi, que tuvo un origen casual pero un éxito calculado.

Así fueron pasando, Zuccardi Q Chardonnay 2004 en un primer paso secundado por Queso Paraguay grillado, mermelada de quinotos y hojas verdes. Siguieron Zuccardi Q Malbec 2000 y Zuccardi Tempranillo 2006, para acompañar unos Ravioles de carne braseada y puerros, con salsa de hongos y almendras tostadas. El tercer paso lo dimos con un Zuccardi Q Cabernet Sauvignon 2003 y Zuccardi Q Cabernet Fran 2017, la última joyita de la bodega, servidos para acompañar un Tournedós de Lomito y crema de morrones ahumados, batatas horneadas y verdes. La despedida fue con el Malamado Malbec y con un lingote de chocolate negro.

Que podríamos decir de las cualidades de estos vinos. Resulta innecesario hablar de sus características organolépticas. Todos nos cayeron espléndidos. Además con semejante historia, el vino era una excusa para pasarla bien. Sensación que se prolongó días después con la botella de Tempranillo que, al salir, obsequiaron a todos.

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