La curiosa historia de una simpática marca

19 junio, 2017
El local de Pancholo´s sobre Mariscal López y Salaskín. Junto al gran árbol que se observa se inició hace 25 años el carrito que se convirtió en una gran empresa.

El local de Pancholo´s sobre Mariscal López y Salaskín. Junto al gran árbol que se observa se inició hace 25 años, el carrito que se convirtió en una gran empresa.

En su momento fue una marca que causó mucho furor. Salía del lugar común de utilizar nombres propios o términos genéricos. Además adoptó una simpática figura como mascota. Y se convirtió en un producto gastronómico ícono de mucho éxito, sobre todo en la clientela juvenil. Tiene ya 25 años de existencia y la curiosidad sube de punto al saber que su creador tenía tan solo 15 años cuando lo concibió y desarrolló. Pancholo’s tuvo una motivación muy particular y un nombre, cuyo origen, por primera vez, vamos a develar.

Tjeerd Twijnstra tenía 15 años de edad y como los chicos de su edad concurrían a todos los festejos quinceañeros de sus compañeras y amigas. Al final de cada festichola, acostumbraba a terminar la noche en alguno de los numerosos carritos pancheros y lomiteros que pululaban por la ciudad. Una noche de esas, junto a su compañero Javier Tatter, vieron como el dueño de uno de esos puestos, para darles el vuelto tenía entre manos un nutrido fajo de billetes producto de la venta del día.

“Esto es lo que tenemos que hacer” se dijeron en ese momento pensando en un negocio. Y Tjeerd ahora nos dice: “Queríamos tener nuestro propio dinero, queríamos vestirnos bien para ir churros a los cumpleaños. Esa fue la motivación que tuvimos”. Además ya se daban cuenta de la gran demanda que tenían los productos que vendían. Corría el año 1.992 y Asunción no se imaginaba todavía el gran desarrollo gastronómico que iría alcanzar en las próximas décadas. Así nació Pancholo’s.

Lo primero que hicieron fue poner un puesto de venta callejera frente a la Expo de Mariano Roque Alonso. Vendían panchos y hamburguesas, ellos mismos se encargaban de cocinar y vender. Habían contratado incluso los servicios de una chica. Pero la venta fue un verdadero desastre. “Vendimos un pancho en diez días y nada más”, rememora Tjeerd. Pero ese fracaso no les desmoralizó y decidieron ir con el carrito a otra parte. Se instalaron nada menos que en Mariscal López y Salaskin, en un inmenso predio baldío que pertenecía a su abuela. Y desde allí alcanzaron un rotundo éxito.

Tjeerd tenía 15 años cuando comenzó su negocio de comida rápida. Llegó a tener 10 locales en Asunción.

Tjeerd tenía 15 años cuando comenzó su negocio de comida rápida. Llegó a tener 10 locales en Asunción.

En aquel entonces, Carlos Filizzola había asumido recientemente como intendente, y una de las primeras acciones que tomó fue prohibir la proliferación de los carritos callejeros de ventas de panchos y lomitos. Esta circunstancia favoreció a Pancholo’s que comenzó a crecer en sus ventas. Al poco tiempo Javier Tatter se retira de la sociedad y su parte fue comprada por Tjeerd que se quedó solo en el negocio. Se trataba de uno de esos carritos lomiteros recostado contra uno de los añosos árboles del predio. Recurrió a sus amigos para poder atender a la creciente clientela. Y con el tiempo, habilitó parte del predio que tenían para hacer una playa de estacionamiento destinada a los clientes cuyos autos ya no cabían sobre la calle Salaskín.

Comenzaron con panchos, lomitos, hamburguesas (carne y pollo) y papas fritas. En el 1994 incluyeron pizzas y ya para cuando eso el carrito se convirtió en un quincho de karanday con techo de paja y con piso de piedritas de asfalto. En el año 1997 abrieron la primera sucursal, sobre la avenida Brasilia cerca de la Universidad Americana. Después se expandieron con el local ubicado sobre la avenida Mariscal López pasando Calle Ultima. De ahí saltaron a los shoppings Villa Morra, Mariscal López, Mall Excelsior y Multiplaza. Llegaron a tener 10 locales incluyendo el que se abrió sobre la Avenida Quinta esquina Caballero.

El éxito galopante le duró aproximadamente 10 años a Pancholo’s.  Ya en el nuevo siglo, allá por los años 2003-2005 comenzaron a florecer las escuelas de cocina y los que egresaban de allí se animaban a encarar proyectos gastronómicos que se sumaban a la oferta. “Todos eran locales propios, nunca hicimos franquicia, cerramos algunos que ya no eran rentables y en Quinta y caballero, cuando feneció el contrato, Solar que era el dueño del lugar decidió construir una sede propia”, agrega.

Después, con el tiempo, abrió una empresa de ventas de comidas por kilo que se llama Copacabana, que ya tiene 15 años, y están en el Mall Excelsior, Villa Morra y Shoping  Mariscal. Pancholo’s sigue existiendo en los shoppings Multiplaza, Mall Excelsior y Mariscal. “El negocio sigue siendo rentable pero no es como antes. Eramos cinco ahora son tres mil”, nos dice Tjeerd añorando la época dorada. A esto hay que agregar que hace seis años abrió junto con su señora Paola Maltese, Plezier Coffee, una cafetería ubicada sobre la Avenida Rodríguez de Francia y Paraguarí.

Pancholo’s sigue siendo hasta en hoy día un autoservicio. Se realiza el pedido y luego de acuerdo a un número de orden se despachan los pedidos. Y conforme a la moda que implementaron en la época, las grandes cadenas de comida rápida, también habilitó el “autocholo” para ordenar y recibir los pedidos desde el auto. Fue uno de los primeros negocios de ese ramo que implementó el servicio de delivery, después de Pizza Hut y sobre todo después de Pizza Papá que fue el gran precursor de la entrega a domicilio de sus pedidos de pizza. Estaba ubicado en Perú esquina Mariscal Estigarribia.

Pancholos (1)

Hasta ahora siguen con la oferta de pizzas, lomitos, panchos, hamburguesas y papas fritas. Ultimamente, agregaron los paninis (sándwiches gourmets), dos platos de pastas y los Kebab. Tienen una versión “guazucholos” que son una edición XL de sus hamburguesas de carne o de pollo y ahora agregaron un “gigantolos”. El entrevistado, nos comenta, que en general son más famosos y preferidos, las pizzas y los lomitos. Hace aproximadamente dos años, renovaron el local dando un cerramiento a lo que era el gran quincho y además implementaron un piso de baldosas en lugar del suelo de tierra con pedregullo.

Desde sus inicios Pancholo’s siempre tuvo un gran arrastre en la clientela juvenil. No solo por el tipo de oferta gastronómica sino que además informalidad y frescura de la marca y de la mascota que eligieron como imagen. “Hay de todo –dice Tjeerd sobre su público- clientes nuevos, clientes de hace 25 años, hay quienes se enojan, hay quienes te felicitan; hay quienes realizan criticas reales y otros no.”

LA HISTORIA DE LA MARCA

Pancholo’s era una marca bastante original para un producto gastronómico sobre todo en la época en que fue creada cuando todavía no existía mucha diversidad y creatividad. La asociación con la imagen de un lorito como mascota de la marca le dio una simpática característica. Pero la creación del nombre de la marca no tiene nada que ver con la figura del loro.

Tjeerd, que a todo esto tiene un nombre bastante raro porque su padre es holándes, reveló que decidieron juntar dos palabras para obtener el nombre del local. Como los productos que tenían pensado vender eran panchos y lomitos hicieron una síntesis de ambas palabras y quedó en Pancholo’s. Más adelante le solicitó al conocido profesional gráfico Porfirio Bustos que le diseñe un logo para la marca y él fue quien ideó que un loro sea la mascota. Porque generalmente se llama Pancho a los loritos. “Si me hubiera diseñado un cangrejo, igual le iba a aceptar”, nos dijo. Luego el diseño final de la marca y el logo fue una producción de Caló, dibujante del diario ABC Color.

Pancholo’s abre desde las 10:00 de la mañana hasta las 24:00 de lunes a viernes y hasta las 01:00 los días sábados, por lo menos en el local de Mariscal López y Salaskín. La empresa que maneja sus distintos locales, así como los de Copacabana y el Plazier Coffee emplea a un total de 140 personas. Los días que son fines de semana son los más concurridos y su servicio de delivery abarca toda la ciudad.

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