Toti, Un Torazo y Siete Vacas

3 diciembre, 2013

un torazoEl 15 de noviembre, Toti se levantó indignado como gran parte de la ciudadanía porque el Senado no permitió el desafuero de Víctor Bogado. Sabía que algo tenía que hacer porque estaba abrumado; la prensa siempre reclamaba una acción, un despertar en contra de la corrupción. Ahí, se le ocurrió hacer un pequeño gesto patriótico. No iba a recibir en su restaurante a los que apoyaron a Víctor Bogado.

Temía que su actitud provocara un efecto boomerang, que se volviera contra él y que sea el restaurante el escrachado. Llegó a pensar incluso que hasta podían arrojarle bombas molotov para perjudicar al local. Temprano ese día, concurrió a su local y Consultó con el administrador de otro gran restaurante, que al igual que el suyo está asociado a la ARPY (Asociación de Restaurantes del Paraguay). Luego habló con su esposa y con su hija, que también son sus socias comerciales. Y todos le dieron el OK.

Pegó el cartel y se fue a la marcha

Llamó a su gerente y le dio las instrucciones para colocar, ya era mediodía, el famoso cartelito de no admisión en la puerta del restaurante. El diario Ultima Hora, en horas de la tarde ya se hizo eco de la iniciativa que tuvo Toti, quién ya estaba presto para plegarse a la marcha de protesta 15NPY. Estuvo frente al Congreso gritando entre los jóvenes (yo era el más viejo, recordó Toti) incluso fue entrevistado por los canales de TV que transmitían en directo la manifestación en el noticiero de la noche.

Toti no se imaginaba, que el cartelito que había pegado en el restaurante iba a sonar mucho más fuerte que los gritos que la multitud lanzaba frente al Congreso. Las redes sociales, para entonces, ya se convertían en un hervidero de apoyo a Un Toro y Siete Vacas y lenta pero continuamente nuevos locales gastronómicos se iban sumando a la iniciativa y terminó convirtiéndose en un hecho histórico y singular: por primera vez el sector comercial se sumó a una protesta colectiva contra la corrupción.

No pensé que tendría consecuencias

“En ningún momento pensé que tendría consecuencias –  rememoró para  El Omnivoro-,  lo que pasó fue que me llené de rabia y la indignación reboza. Todos sabemos quiénes son los ladrones pero nadie los señala. Todos sabemos que cuándo un político accede al poder acomoda  en los mejores puestos a su primer anillo. Pero, esto de ubicar a toda la familia, revela que esta gente rapiñadora ya comenzó a reírse de nosotros”.

Toti, es el apodo con el que es conocido Juan Francisco Resquín, de 63 años, casado con Ana Margarita Varela, tiene cuatro hijos y 14 nietos. Es descendiente del general Francisco Isidoro Resquín, un militar que lucho en la Guerra Grande. Toti, es arquitecto de profesión, músico de corazón y restaurantero de casualidad.Como músico fue el vocalista, del Grupo Batata, con los hijos de Rudy Heyn y luego todos pasaron a Pussycats, muy conocido allá por la década del 70. Actualmente, integra La Música Que nos Gusta.

salonuntoro

Salón principal. El local tiene capacidad para 200 personas. Hay mesas en lugares cerrados y en las terrazas que dan a la calle.

Ana Margarita, su esposa, tiene una experiencia de 25 años explotando el restaurante Angus-Brangus en la Expo de Mariano Roque Alonso. Un Toro y Siete Vacas se habilitó para que ella y su hija se encargaran del negocio aprovechando la experiencia acumulada. Pero el trato con el personal fue una dificultad para ellas y, allí apareció Toti para encargarse del tema y así ya pasaron siete años. El restaurante, ubicado en Malutín y Lillo, se creó en el 2006 pero comenzó a funcionar en el 2007.

Durante dos meses hubo cola

Nunca se inauguró oficialmente, desde el primer día tuvo mucha clientela. “Durante dos meses hubo gente haciendo cola – cuenta Toti-. Los primeros fueron una pareja de argentinos”.  El restaurante tiene un estilo rioplatense, porque el servicio es a la carta, por la onda con que están vestidos los empleados. Pero Toti aclara, que la intención era recordar a las viejas y desaparecidas parrilladas pero con el toque moderno.

Desde sus comienzos, Un Toro y Siete Vacas siempre sirvió aparte de la carne asada, achuras, sopa paraguaya, chipa guazú, postres típicos  como el coserevá, dulce de mamón, naranjito, etc. En vez de la famosa parrillita que antes se usaba, implementaron  una especie de plato de hierro recalentado para servir las carnes, los embutidos y las verduras asadas. Esto se complementó con una cocina internacional con opciones para los no carnívoros.

La tapa cuadril es el plato líder

asado un toro

El pescado, la tira de asado, la tapa cuadril y el ojo de bife, servidos sobre el ya tradicional plato de hierro del restaurante.

La tapa cuadril de vacuno, es el plato líder. “Tierna y sabrosa”, dice Toti. Ahora están sirviendo el asado de costilla al estilo rioplatense. Tiene un corte más fino que lo habitual y no se cocina sobre la parte del hueso.  El costo promedio por persona es de 80.000 guaraníes  incluyendo una gaseosa o 100.000 guaraníes por persona, si se incluye el vino “que está a buen precio”.

El local tiene capacidad para 100 personas. Tiene salones, en los cuáles hay ambientes habilitados como “privados” y además un gran espacio en las terrazas que dan a la calle. Tiene un salón VIP, con capacidad para 40 personas, habilitado para la realización de eventos y festejos privados.  Abre de lunes a domingo a excepción de los martes en horario de almuerzo y cena.

La sucursal en Ciudad del Este

Un Toro y Siete Vacas abrió una sucursal en Ciudad del Este, en mayo del 2012 en coincidencia con la realización del primer Black Friday en dicha ciudad. Estaba ubicado sobre el lago de la República, en un privilegiado lugar. Fue recibido con bombos y platillos y su éxito fue inmediato.  Tenían muchos clientes orientales, los adinerados que viven en el Paraná Country Club y sobre todo muchos brasileños que venían de Foz de Yguazú.

Pero, pronto hizo su aparición el círculo de corrupción que rodea a esa ciudad y comenzaron a realizar barreras de alcotest en las inmediaciones del local, muchas veces con el único objeto de coimear a los automovilistas, sobre todo a los brasileños. Toti Resquín planteó la cuestión a la entonces ministra de Turismo, Liz Cramer, a la intendenta de Ciudad del Este,  Sandra Mc Leod de Zacarías.

Pero nada pudo hacerse para remediar la cuestión y la corrupción terminó debilitando al restaurante y “para no entrar en pérdidas decidimos cerrar”, dice Toti sin pena ni amarguras. Incluso dice que su tuviera más tiempo trataría de abrir otros locales en Asunción. De Encarnación ya lo invitaron. “Es un desafío muy lindo”, dijo para terminar la entrevista.

Nos despedimos de Toti, sin haberle preguntado, si repetiría su actitud si surgen nuevos hechos que así lo ameriten. Nosotros estamos seguro que sí porque a él le mueve siempre “lo patriótico”.  También estamos casi seguros que ningún político o legislador se atrevería a desafiar a la fiera que despertaron de su largo letargo.

Finalmente, nos atrevemos, sin consultarlo con él a cambiar el nombre de su restaurante, para llamarlo: Un Torazo y Siete Vacas.

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COMENTARIOS

  1. Aura dice:

    ¡Excelente nota! Sólo que esta parte me dejó un poco desconcertada: “…Pero como siempre el trato con el personal es una dificultad para las mujeres, allí apareció Toti para encargarse del tema y así ya pasaron siete años.” (¿A qué viene esa generalización un tanto desmeritoria?)

  2. Nelly Davalos dice:

    Que grande Toti Carajooooo!!!
    En serio q lagrimé en la parte que dice: “pegó el cartel y se fué a la marcha. Estuvo frente al Congreso gritando entre los jóvenes (yo era el más viejo, recordó Toti) 

  3. Marina Cáceres de Sánchez dice:

    Congratulaciones Toti Resquín!!!!!

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